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El paisaje que había en Buenos Aires antes de la ciudad

  • Foto del escritor: Matías Duarte
    Matías Duarte
  • 26 jul
  • 6 min de lectura

Antes del asfalto en Buenos Aires existían inmensos pastizales, bosques y selvas. Aunque casi nadie los vio en su esplendor, estos paisajes siguen intentando renacer en los baldíos, en las banquinas y hasta en el pasto que olvidaste cortar.


Flores de Verbena bonariensis
Verbena bonariensis. Foto por Milagros María Luján Carcacha.

La primera vez que me detuve a mirar una banquina fue por casualidad.

Iba por la ruta en marzo mirando por la ventana del auto. Cuando presté un poco de atención, vi que en el borde de la ruta había manchones violetas altos que se movían con el viento. En estas flores volaban un mar de mariposas y abejas.

Antes de conocer sobre plantas y sus orígenes pensé que se habían escapado de algún vivero o las había puesto alguien, pero no.


Con el tiempo descubrí que esos hermosos manchones violetas eran una planta llamada Verbena bonariensis. Lleva el nombre de esta ciudad en el "apellido", crece sola sin cuidados, y en Europa la venden en los famosos "Garden Center" y la usan los paisajistas de más alto nivel para sus diseños.


¿Qué había antes del cemento?


Parate en la esquina de tu casa, pero mentalmente viajá 400 años para atrás.

Probablemente lo que verías es pasto y praderas, pero no el pasto que conocés. No hablo del tapizado cortito y parejo. Hablo de enormes matas que te llegan a la rodilla o a la cintura, con las puntas cargadas de semillas que se mueven todas juntas cuando corre el viento. Entre ellas asoman flores sueltas o en praderas —violetas, amarillas, blancas— que aparecen y desaparecen según el mes. Entre ellas, como te conté, vuelan mariposas, saltan venados y anidan cientos de aves.


Así sería el paisaje hasta donde se curva el horizonte, y más.


Ese ambiente tiene nombre: Pastizal pampeano.

Es la vegetación original de casi toda esta parte del país, unos 400 mil kilómetros cuadrados, y Buenos Aires está construida encima.

Las protagonistas son las gramíneas, o sea los pastos. Acá dominaban las flechillas, las cortaderas, y otras gramíneas. Esos pastos no estaban quieto ni vacíos. Los recorrían cientos de venados de las pampas y miles de especies de animales más.

Los árboles estaban en pocos lugares en estos pastizales, a Buenos Aires la dominaban los pastos.


Pastizal natural de Buenos Aires
Típico pastizal / chilcal bonaerense. Foto por Juan M. Atencio.

Aunque el ambiente más amplio eran los pastizales, también podemos encontrar (vivos a día de hoy) a los talares.

Hace miles de años el mar llegaba más adentro, y al retirarse fue dejando cordones de conchilla, lomadas hechas de valvas marinas acumuladas. Ese suelo es calcáreo, seco y drena bien, todo lo contrario del suelo pesado de la llanura pampeana.

Sobre esas lomadas creció un bosque bajo, cerrado y espinoso, donde manda el Tala (Celtis tala). Con él vienen el Coronillo (Scutia buxifolia), el Molle (Schinus longifolia), la Sombra de toro (Jodina rhombifolia) y el Espinillo.

Todos son árboles chicos, torcidos y con espinas.


Estos árboles son tan característicos de nuestra región que al Tala la Ciudad de Buenos Aires lo eligió como su árbol emblemático.


Y por último en el paisaje original de Buenos Aires encontrábamos la: selva en galería.

Sobre la costa del Río de La Plata, a los costados de los arroyos y en todo el Delta del Paraná, el suelo se mantiene húmedo todo el año. Eso permite que exista algo que sorprende en esta latitud: una selva subtropical.

Es el extremo sur de la llamada selva paranaense, que baja miles de kilómetros pegada a los ríos Paraná y Uruguay.

Ahí crecen el Laurel de río (Ocotea acutifolia), el Chal chal (Allophylus edulis), el Mataojo (Pouteria salicifolia), el Canelón (Myrsine laetevirens), la Anacahuita (Blepharocalyx salicifolius), el Tarumá (Citharexylum montevidense) y el Bugre (Lonchocarpus nitidus), con Ceibos (Erythrina crista-galli) y Sauce criollo (Salix humboldtiana) en la parte más mojada. Entre medio crece una densa capa de una enorme diversidad de arbustos y herbáceas que alimentan a la enorme fauna selvática. Tan diversa era la selva que hasta los Yaguaretés nadaban en los arroyos bonaerenses antes de su extinción local.


Mariposa Bandera Argentina (Morpho epistrophus argentinus) alimentándose de restos de fruta. Especie característica de la selva rioplatense.
Mariposa Bandera Argentina (Morpho epistrophus argentinus) alimentándose de restos de fruta. Especie característica de la selva rioplatense. Foto por Matías Duarte.

Tres ambientes distintos en el mismo territorio, y no es casualidad. Pastizal donde el suelo es pesado, uniforme y fértil. Bosques espinosos donde el suelo drena y es más pobre. Selva donde hay humedad constante y aporte de materia orgánica.


La vegetación de un lugar es la lectura más honesta de sus características.

La selva y muchos de estos ecosistemas todavía se pueden caminar. Aunque cada vez vemos menos áreas naturales conservadas, todavía existen relictos que cuidan lo último de los paisajes bonaerenses naturales.


Lo que se perdió no fueron plantas


Lo lógico al pensar que ya casi no hay más áreas naturales prístinas es pensar que lo que se perdió fueron plantas y que se reemplaza con tener un jardín verde, pero realmente se perdió algo más importante que eso.


¿Te acordás del Tala? El árbol del que te conté, lleno de espinas y todo destartalado. En las hojas de este árbol ponen huevos por lo menos 5 especies de mariposas, y dependen del alimento y refugio que generan cientos de animales más. Sin el Tala, pierden el único alimento existente las orugas de mariposas como la zafiro del talar (Doxocopa laurentia), la picuda (Libytheana carinenta) y otras más.


Mariposa borde de oro depositando sus huevos en una reja (probablemente tenía su planta asociada cerca).
Mariposa borde de oro depositando sus huevos en una reja (probablemente tenía su planta asociada cerca). Foto por Agustina Oribe.

Podemos llenar los barrios de flores y crear hermosas praderas, pero si no utilizamos especies nativas perdemos más que solamente las plantas que representan a la región. Perdemos las relaciones ecológicas de miles de especies de animales, y con ellas la red que sostiene al ecosistema.


Lo que todavía está


Aunque todo esto suene desalentador, ninguna batalla está perdida.

En jardines abandonados o zonas donde las cortadoras de pasto no llegan, las semillas siguen ahí, en la tierra. Alcanza con dejar a la naturaleza respirar para que el paisaje original de Buenos Aires resurja de entre los escombros.

Verbenas, Glandularias, Malvas y gramíneas pueden aparecer en nuestro jardín. Permitiendo que ganen su lugar, veremos un sinfín de relaciones ecológicas ocurriendo a la vez: mariposas poniendo huevos y libando de flores, picaflores anidando para cuidar a su descendencia, y todo tipo de fauna nativa que vuelve a encontrar refugio y alimento.


Cómo recrear el paisaje de Buenos Aires en tu jardín


Acá está lo que cambia todo, y es la razón por la que hago lo que hago.

Si las semillas siguen abajo y los bichos siguen dando vueltas, entonces plantar bien no solo es decorar. Es devolverle al mundo una pieza que le faltaba. Y esa pieza tiene a alguien esperándola: una mariposa que necesita esa planta exacta, un picaflor que necesita néctar en su viaje, un pájaro que busca dónde hacer su nido.


No hace falta una hectárea. Un cantero con las especies correctas ya es un lugar donde comer en un mapa donde casi no quedan.


Esto es más que jardinería. Es conservación, es rebeldía, es reconexión con la tierra y, por lo tanto, con vos mismo.

Entonces, para revivir al paisaje de Buenos Aires necesito:


  1. Saber qué plantas son nativas de mi región: actualmente existe una enorme cantidad de emprendimientos, libros, artículos y estudios que acercan la información sobre qué plantas son nativas en donde estamos parados. Si estás en Buenos Aires, en CABA y alrededores las plantas de nuestro catálogo son todas nativas de los pastizales, bosques y selvas bonaerenses.

  2. Saber qué plantar y dénde: este es uno de los desafíos más grandes: conocer cómo se desarrolla una planta cuando crece, saber cuánto sol necesita y relacionarlo con la arquitectura de tu espacio es la tarea más complicada. Por ello creamos un "Identificador de espacios". Con esta herramienta gratuita vas a poder saber qué plantas son las indicadas para tu espacio con solo 4 clics.

  3. Empezar: el mejor momento para plantar nativas fue hace 20 años, el siguiente mejor momento es hoy.


En resumen


La flora nativa de Buenos Aires no es una sola cosa, son tres paisajes conviviendo en el mismo territorio. El pastizal pampeano, un mar de gramíneas y flores que ocupaba casi todo. Los talares, bosques bajos y espinosos sobre los viejos cordones de conchilla de la costa, con el Tala (Celtis tala) como emblema. Y la selva en galería, un pedazo de selva subtropical que baja pegada al Paraná hasta la ribera del Plata. Lo que se perdió cuando llegó el cemento no fueron solo esas plantas: fueron las relaciones que sostenían el ecosistema, como la del Tala con las mariposas. La buena noticia es que nada de eso se extinguió del todo. Las semillas siguen en la tierra de cualquier terreno que deje de cortarse, y un jardín, balcón o terraza con las especies correctas alcanzan para traer nuevamente al paisaje original a nuestros espacios.

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