Cuanto más sano más vuelvo al jardín
- Matías Duarte
- 14 jul
- 3 min de lectura
Durante mucho tiempo mi cabeza funcionó exactamente como una fábrica.
Me iba a dormir y, en vez de descansar, la cabeza seguía trabajando a mil por hora, organizando la checklist del día siguiente. Me carcomía la culpa pensando en el tiempo "perdido" o en lo que podría haber hecho si me esforzaba un poquito más. Me convencí de que exprimir la productividad a cada segundo era el único camino. Que ver esos resultados era lo que finalmente me iba a traer la felicidad. Que el cansancio extremo era simplemente el peaje que había que pagar para llegar a estar bien.
Pero la felicidad siempre se corría un casillero más adelante.
Me gustaría decir que un día me desperté, tuve una revelación y cambié de vida. Pero no. No hubo un momento quiebre de película.
Fue poco a poco caer en cuenta que la inercia no iba a resolver nada. Que esto no era una etapa de mucho trabajo que iba a pasar sola con el tiempo.
Y ahí me cayó la ficha: si no cambiaba algo ahora mismo, si no cambiaba mi forma de trabajar y de exigirme, el futuro solo iba a ser peor. La rueda iba a girar cada vez más rápido hasta mantenerme dependiente de ese estilo de vida.
Volver al jardín es, para mí, cerrar la fábrica. Es dejar de intentar domarlo todo y aceptar que las cosas crezcan donde la tierra manda.
En un jardín que dejás ser libre, no podés apurar a una semilla exigiéndole resultados, ni podés programar una floración en un Excel. Las plantas brotan sin pedir permiso, las nativas ganan su espacio y los bichos hacen la suya. Hay un orden perfecto que no depende de mi intervención. Tiene sus ritmos, sus silencios, sus pausas. Y de a poco empecé a entender que yo también soy parte de eso. Que soy naturaleza.
Siempre me comí el cuento de que para dejar una marca en el mundo había que empujar, transpirar y forzar cada situación. Pero ahora pienso que, capaz, mi legado puede ser muchísimo más fuerte e inmenso el día que deje de intentar tan fuertemente. Capaz la huella más real que puedo dejar aparece cuando simplemente paso a habitar el presente y disfrutar el rato que me toca estar acá.
Hoy mis anclas son otras. Si bien es algo que no superé del todo, hoy en día veo las cosas que antes me hubieran parecido una pérdida de tiempo como mi motor principal de felicidad. Quedarme mirando una mariposa que se posa en una flor que nadie plantó. Pensar en el proceso silencioso y vital de una planta haciendo fotosíntesis. Entender como todo el ecosistema se sostiene entre sí. Sentir el sol un rato en la cara. Mirar el cielo y darme cuenta de todo lo que hay allá afuera.
Esas pequeñas pausas me sacan de la cabeza y me devuelven al cuerpo y al presente.
Creo que el universo te muestra la respuesta todo el tiempo. Cuando actuás libre, cuando soltás el volante y dejás de querer controlar y acomodar todo en exceso, el camino se marca solo. Todo fluye. Solo hay que saber mirar el jardín.
Por eso creo que cuanto más sano, más vuelvo al jardín.

-Artículo inspirado en "The more I heal, the less ambitious I become."




Gracias por esas hermosas palabras que tanto me resuenan. Conectar con la naturaleza siempre nos ayuda a volver y por suerte tenemos la capacidad de seguir asombrandonos 🥹🌱💜
Orgullosa de vos,